“Gracias a Dios vivo para contarlo”, comienza diciendo el Rey Vallenato Náfer Santiago Durán Díaz, quien a sus 90 años es referente nota a nota de la música interpretada con acordeón, caja y guacharaca. Sin pensarlo mucho fijó su vista en el ayer, no sin antes decir que era un privilegio ser un juglar virtuoso.
“Me siento dichoso de haber contribuido para que el folclor vallenato cada día sea más grande en el mundo. La cuota de mi familia en este campo ha sido buena y ya la evaluarán los entendidos en la materia”. Hace una pequeña pausa y continúa: “El pasado y el presente lo conozco, pero el futuro es incierto. Mis hijos son el tesoro más grande que la vida me ha dado, y lo mejor es que han seguido la línea del verdadero vallenato, ese que no se inventa, ni se compra”.
Sonríe un poco, y enseguida, da una clase de cómo han cambiado los tiempos en la música vallenata. “Antes, la música no tenía tanto valor. Era del agrado de los parranderos en un círculo muy pequeño. Ahora es diferente porque gusta y los intérpretes ganan una inmensa cantidad de plata. Antes, eran más los trasnochos y los largos viajes en burros, caballos, en lanchas o carros destartalados. La plata poco se veía. Eso sí, por donde iba el corazón andaba y se llenaba de emoción”.











