Por: Rodolfo Ortega Montero
La señorial Mompós fue su refugio. Era un lunar en ese puerto de río con su acento andino, su rojizo cabello y sus ojos azules donde allí eran pardos, negros y blancos del criollaje costeño, algunos aristócratas venidos a menos. Allí los Gutiérrez de Piñeres lo amparaban como un compañero de la Revolución cuando le negaron la pensión militar.
En la taberna de la calle de La Albarrada paladeaba rones mirando el aleteo de las aves de patas largas sobre las aguas barrosas del río hacia la selva en la otra ribera.











