Desde los asomos de la época paleolítica los fósiles demuestran que la Península Ibérica fue punto de tránsito en las migraciones de pueblos nómadas que tras la caza y la pesca confluían del norte africano y del resto de Europa continental.
Fue la posición geográfica determinante en estas migraciones del pasado, por ser la Península una esquina del mundo.
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