Entre música carnavalera y vallenata los días de carnaval las más reconocidas casetas o KZ de Valledupar abren sus puertas para dejar fluir el jolgorio, abrazar el placer, vivir la dicha del desorden y escapar de lo ordinario.
En las calles de la capital del Cesar, desde finales de diciembre se comienza hablar de las KZ, un tema que viene con el viento del carnaval. Desde el 20 de enero hasta el martes, antes del miércoles de ceniza, lo cotidiano pasa a un segundo plano.
Parece que en Valledupar, desde los años 60, todos los vallenatos dejan fluir el jolgorio, abrazan el placer, viven la dicha del desorden y escapan de lo ordinario para vivir lo extraordinario en medio de máscaras, disfraces, las capuchonas y los bailes en los famosos salones que hoy son las sonadas KZ. No pasa nada catastrófico, pero sí reina un desorden generado por el afán de la gente que anhela envolverse en la tradición colorida. A eso, tradición y alegría, se le llama carnaval.











