Nacieron como respuesta a la crisis. Sobrepasados en la cantidad de pacientes, el director del Hospital Rosario Pumarejo de López corrió la voz de la necesidad de mujeres que colaboraran en la atención. Acudieron alrededor de 150 dispuestas a brindar afectividad.
Después de meses de quehaceres diarios, el 5 de agosto de 1963 firman el acta que reconocía a las centenares de voluntarias como las ‘Damas Rosadas’. Desde entonces su vigor, el mundo y la sociedad han cambiado, excepto su anhelo de servir.
Los pabellones de los hospitales ocuparon sus tardes los primeros años. El amor era fórmula para ayudar. Pocas de las que iniciaron contaban con mayor experiencia en salud, su labor era humana. Con la violencia territorial de la década de los 60 llegaron las amenazas y la exigencia de abandonar las visitas a los pabellones.











