El recuerdo y el duelo que invadía a la pequeña plaza se podía notar en el cielo. La sesgada salida del sol y la entrada de las nubes grisáceas pronosticaron que el discurso del día contaría cada uno de aquellos muertos que el corregimiento de Estados Unidos, entallado en la Serranía del Perijá, aportó a la violencia que tuvo su génesis en los finales de la década de los ochenta.
Si algún día el escritor Albert Camus se atrevió a expresar en ‘La Peste’, que los días buenos solo llegan en el invierno, Evelio Aguirre Vargas, oriundo de El Banco, Magdalena, asegura que los días fértiles de un pueblo distante del homónimo, del país del Tío Sam: Estados Unidos del municipio de Becerril, se enclavaron en los años ochenta cuando la bonanza del café, el aguacate y el maíz seducían a los departamentos de Santander y Antioquia, una despensa que atraía la llegada de personas que se resumían en 1.500 habitantes para la época.
En medio de la mirada que puede generar un viaje hacia el pasado del ‘gorrioncillo rural´, como alguna vez denominó el fallecido cronista Ernesto McCausland al corregimiento, Evelio se retrae para poder ratificar la fecha exacta de la incursión de los grupos subversivos a la tierra que ostenta en sus inmediaciones una de las vetas de carbón más ricas del planeta.











