Como en la célebre novela de Gabriel García Márquez, las putas están tristes porque su trabajo se fue al piso, y ya no es acostado en una cama. Aunque es una frase fuerte, dura, cruel, y hasta caerán rayos y centellas por lo atrevido del tema, es un acto de humanidad mirar a las mujeres que buscan ingresos derivados del oficio más antiguo de la humanidad.
La pandemia que originó el coronavirus (covid-19) sometió al mundo al aislamiento social, a mantener distancia a más de dos metros, a evitar el contacto físico con personas externas al círculo familiar, por eso la pregunta: ¿cómo viven las trabajadoras sexuales el aislamiento social?
A ellas, cuya actividad es relacionarse con los hombres que las buscan por un poco de placer, la pandemia las ha obligado a esconder su desnudez y no la han podido mostrar hace más de cuatro meses. Ya no tienen las acostumbradas visitas sin esperarlas, y no hay lugar a ‘reinventarse’ porque el acto es presencial.











