Por estos días retornan los recuerdos de mi niñez, de las vacaciones en la parcela de mi tío, donde además del pánico que me ocasionaban las pisadas abrumadoras de los ciempiés sobre el techo de zinc, para lo cual nunca me faltaron los abrazos de amor de mi tía-hermana Aixa Dolly.
También recuerdo las historias de los hermanos Angulo de Armas: mi padre Liberto y mi tío Ludovico (más conocido por todos como Vico). Entre tantas cosas que hablaban por las noches existía algo que siempre llamaba mi atención de esas tertulias: se referían a la piedra negra que se encontraba debajo de ríos, arroyuelos, manantiales y quebradas.
El agua era tan abundante en el departamento del Cesar, les hablo precisamente del municipio de La Jagua de Ibirico y sus alrededores. Hace más de 35 años esa narración mágica se convirtió en una realidad, conocí uno de esos afluentes, la famosa quebrada Santa Cruz, quedé sorprendido, por fin vi y toqué con mis manos y pies la piedra negra, resbalosa y filosa, jamás se borraran de mis sueños y corazón esos grandes momentos, cuando me sumergía en sus aguas frías y cristalinas al lado de mis hermanos y primos.











