‘El Cacique’, como usualmente lo llaman, conoce de historias relacionadas con grupos paramilitares que tuvieron como zona de operaciones a parte del Bajo Magdalena. Él, que no perteneció ni fue auxiliador de ninguno de ellos, debió movilizarlos en chalupa hacia destinos ubicados en las orillas del río Magdalena. Porque si se negaba, seguro que su cuerpo sin vida iba a dar a las aguas de este río.
Lo que vivió sucedió después de que el paramilitar identificado como ‘Pambe’ hizo de Calamar su centro de operaciones, convirtiéndose, desde entonces, en proveedor de servicios a los frentes de las autodefensas que operaban en esta región.
Uno de ellos era el transporte en chalupa, para lo que obligó al mayor número de transportadores de una amplia zona del Bajo Magdalena a movilizar hombres armados, recibiendo como contraprestación la gasolina que gastaba el motor fuera de borda en el viaje.











