La eterna máquina de escribir de Consuelo Araujonoguera le regaló millones de letras, porque ella al presionar las teclas con todo el amor del mundo, dejaba plasmado en una hoja su pensamiento cultural, folclórico, político, social o cívico. Escribir para ella era un acto sagrado y el invitado de honor era el silencio. Nada de ruidos.
Escribía sin descanso hasta que concretaba las ideas, cuyos apuntes los tenía en hojas que llenaba de letras. Acostumbraba a subrayar, para que esas frases llegaran primero al meterse el teclado. Era maniática del reciclaje de papeles, es así como las hojas las llenaba por ambos lados, y su consigna era “antes de que se acaben”.
La Carta Vallenata
Durante muchos años, su primera máquina de escribir marca Remington fue una compañera permanente, y en ella nacieron libros, crónicas, entrevistas, documentos y principalmente, su columna ‘La Carta Vallenata’, que publicó en el periódico El Espectador durante 22 años.











