Las brisas decembrinas que anunciaban el final del año 1994 llegaban cargadas de nostalgia e hirientes recuerdos para Emilianito Zuleta tras su separación de la espléndida Yesenia Durán, después de casi 12 años de ardiente convivencia.
Él se había refugiado en su apartamento del barrio Novalito, en Valledupar, pero lo estaba matando la soledad y vivía un difícil momento, no obstante tener admiradoras a montón, como es lo natural en un artista de fama y brillante trayectoria.
Los viajes, las casetas, los frecuentes espectáculos siempre vibrantes con Los Hermanos Zuleta en tarima le servían de paliativo, pero, al regresar al Valle, su corazón solitario no tenía los alegres latidos de otras épocas: estaba huérfano de amor.











