La última vez que ‘Carmenza’ había escuchado un estallido tan cerca estaba inmersa en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta con un fusil al hombro. Había comido poco y llevaba caminando varios kilómetros con sus pesadas botas de caucho y un camuflaje que la identificaba como guerrillera del Frente 19 de las FARC.
Por eso, la explosión de las mechas en la cancha de tejo del Pueblito Arhuaco, sitio recreativo al sur de Valledupar, le removió recuerdos de su anterior vida en el monte.
Sin embargo, tras la inesperada reacción, aterrizó en su nueva realidad y sonrió. El monte quedó atrás. La guerra -al menos para ella- ya acabó.











