Pasados tres meses desde su nacimiento, sus padres notaron que no llevaba un ciclo de desarrollo acorde a un niño de su edad. “Debería estar más durita y a ella la sentíamos flácida, parecía una muñequita de trapo”, expresó su madre y fue ahí donde empezó toda una travesía.
Esperando ansiosamente el nacimiento de Antonella se encontraban Lida Sánchez y su esposo Enrique Orozco, quienes anhelaban una niña dentro del hogar para hacerle compañía a su hijo mayor de 11 años, sin saber que esta llegaría con una patología difícil de detectar en el embarazo. Finalmente su segundo ‘retoño’ nació el 14 de noviembre de 2019 en la Clínica del Cesar, quien no respondió inmediatamente al llanto, pero estuvo dentro del tiempo ‘normal’, aunque con un llanto débil.
Al estar todo aparentemente bien con la recién nacida fueron dadas de alta. En la casa a los tres días presentó un sueño profundo, lo cual alarmó a los padres, pero con movimientos y maniobras en el pecho lograron hacerla reaccionar. El tiempo transcurría y se hizo evidente una anormalidad en el desarrollo de la bebé, por lo que decidieron llevarla al pediatra para que fuera valorada. “Él decía que estaba bien, que su valoración era normal, que esperáramos más tiempo para que endureciera”, recordó Sánchez.











