ALEXANDER GUTIÉRREZ/ EL PILÓN
Leonel Mejía se confiesa ateo. Afirma que, fuera de su padre y su madre, no hay dioses. Que nadie nace que no sea engendrado. Que a ese señor no lo conoce nadie.
Se da un aire de viejo sabio, discreto y con conocimientos ancestrales. Su discurso es definitivo, como si vivir 94 años fuera suficiente para sacar conclusiones sobre los misterios de la existencia. Sin rodeos, afirma no creer en el dios judeocristiano y su repertorio personal de refranes le acompaña, como una de las pocas cosas a las que se aferra.











