Con abismal asombro, me enteré hace poco de una campaña agenciada desde oficinas estatales en Costa Rica y con acentuada divulgación mediática.
El lema de la campaña es “El mejor piropo es el que no se dice”. Lo acompaña un hashtag denominado “#calladitossevenmasbonitos”; una evidente mordaza a la expresión espontanea que, como el piropo, está arraigada en la cultura del hombre latino, cuando se trata de evidenciar que una mujer le atrae.
Este es apenas una de las campañas que, a gritos, piden algunas bien intencionadas organizaciones feministas, pero que a veces, en el afán de una sociedad más igualitaria, exacerban lo que representa, para ellas, el acoso y la agresión sexual.











