Apenas terminaba de ayudar a mi papá en el negocio de venta de hielo que tenía en el mercado, me iba a pescar al río Magdalena. Lo hacía en una de las orillas ubicada en el barrio Arriba, cerca de donde estaba amarrado un barco de la armada nacional.
Para hacerlo llevaba un nailon y su anzuelo, y un tarro de plástico al que le había quitado un pedazo para introducir las carnadas. Iba con pantalones cuyas botas me llegaban a las rodillas, camisetas largas y anchas, pies descalzos, pelo alborotado y corto, a veces usando una gorra con el lema de un político.
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