Las fiestas populares colectivas en Colombia tienen orígenes diversos. Algunas provienen de arcaicos ritos precristianos del viejo mundo, que al mezclarse con ceremoniales aborígenes y ritos seculares africanos conforman una nueva cultura, ligada a manifestaciones ancestrales, que articuladas crearon sentimientos de arraigo, lo que ha permitido encontrar razón de ser en quienes participan de estas manifestaciones, al lograr una encarnación en la cultura del pueblo, la identificación con las raíces propias, al reconocerse en la tradición, afianzarse en el presente y proyectarse en el futuro, como respuesta a la necesidad profunda de expresarse, una necesidad de expresar la devoción religiosa acercándose al mundo espiritual.
El ceremonial comienza con la misa dedicada a la Virgen. Quienes pertenecen a la Congregación de la Virgen del Rosario usan para ese día la indumentaria según el papel que vayan a representar: de español, negro o indio (tupe o chimila), y los que hoy aún visten la indumentaria de arhuacos y guajiros. Llevan variedad de ofrendas: frutos propios de la región, panes con diversas alegorías, algunos animales inofensivos, como la iguana, en escena multicolor inigualable.
Al finalizar la misa, que por tradición celebran en la Catedral del Rosario (Antiguo Convento de Santo Domingo), inician la procesión, guiada por el cacique Buenaventura Perea y las cacicas Gilma Camarillo (presidenta de la Congregación de la Virgen del Rosario) y Yolanda Acosta Torres, con el acompañamiento de varios instrumentos musicales tradicionales: gaitas, tambores, y el sonido de un caracol y de un cacho.











