Hace unos días recibí la propuesta de escribir algo sobre la Escuela Ambiental del Cesar. Ya tenía en la cabeza qué podría ser y hasta había apartado un día para poder hacerlo como me gusta: de una sola sentada. Sin embargo, ocurrió algo extraordinario que no imaginé: mi suegro, Olmar Quintero, apareció un día al final de la tarde con su libreta roja a leernos a mi esposa Carolina y a mí, algo que quería decirle al mundo. Este fue el mensaje que nos leyó:
Los milagros existen, pero eres tú quien tiene que generarlos, ¿cómo? Con el entusiasmo y la tenacidad. Especialmente quiero hablar de uno de ellos que se dio a orillas del río Guatapurí. El milagro más criticado y quizá el más odiado, con el que nadie estuvo de acuerdo, ni siquiera mi familia, pues siempre me han tratado de loco… Afortunadamente aprendí que son los locos, los que abren los caminos que luego recorrerán los ‘cuerdos’.











