LA REVUELTA
Ese día, la gente se congregó en multitud en la Catedral de San Juan de los Pastos. El cura Villota, trepado en un púlpito, entre un pavoroso silencio, hizo su prédica transido de iracundia. Con voz gruesa de emoción, pidió al pueblo la desobediencia al gobierno y “se opusiera hasta la muerte de esa ley maldita”.











