Por más de 120 horas el compositor Rosendo Romero Ospino, con motivo de su homenaje en el 54° Festival de la Leyenda Vallenata, hizo un bello recorrido en el tren de la felicidad, ese que lo llevó a diferentes puntos del corazón del folclor.
Así lo bosquejó teniendo su memoria en línea directa con sus sentimientos y un canto que nunca dejó de escucharse. Era la felicidad del poeta que siempre tenía la luna en la mira y era casi negado al saludar.
También el cantautor escondido en el contexto de las añoranzas al querer morirse teniendo las ilusiones rotas cuando estuvo atrapado en aquellas noches veraniegas. Además, se ubicó a un lado del sepulcro para no quejarse más de esa pena y poder resucitar con el poder de su inspiración.











