Sus noches son inciertas. La brisa que retumba en un árbol de mango en las estrechas calles del Cañahuate, es cómplice de su drama, mientras saca de un jean sucio y desteñido su celular de baja gama. Lo revisa cada dos o tres minutos esperando leer una buena noticia.
Sus labios destellan de la resequedad. Sus ojos brillan del desespero o tal vez por los días que lleva sin alimentarse bien, pues la caridad le sonríe en cada esquina o en cada lugar en donde llega preguntando por su madre.
Un periodista es testigo de su drama, el mismo que mira a sus ojos como queriendo indagar por la realidad de lo que dice el niño de 15 años. Un billete de cinco mil pesos se convierte en un aliciente para su tragedia. Álvaro Villalobos Finol llegó desde Maracaibo con la esperanza de encontrar a su madre; sus ahorros comienzan a escasear. Su ilusión está intacta, mira de un lado para otro, mientras se arrecuesta a un muro sucio y rústico en frente del Palacio de Justicia para contar su historia.











