Diciembre trae consigo, envuelto en su brisa, las notas de música añeja que recuerda diciembres de calendas pasadas, amores, desengaños, triunfos y fracasos sufridos.
Los villancicos suenan por doquier y arrastran hasta nuestro recuerdo pasajes de infancia que creíamos olvidados y que son gratos rememorar y en otros casos hacen sentir el amargor encerrado en el alma por alguna pérdida, alguna ausencia, algún desamor.
AÑORAR
Vemos enormes muñecos de trapos que en los barrios deprimidos posan a las puertas de las casas, para ser incinerados el 31 de diciembre con la pretensión inocente de exorcizar las malas rachas sufridas durante el año y la ilusión de que la suerte cambie y que el «Año Nuevo» traiga dicha y prosperidad nos dan la esperanza de un futuro mejor.











