Magie Vergel ha regresado del campo para recibir la visita del periodista que quiere conocer sus obras líricas. En la olla de peltre puesta en la estufa rebulle el agua para el café. Sus nietos, hijas y niños curiosos del vecindario crean un ambiente propicio para la narración de historias. Se muestran ávidos del momento en que algún reportero desconocido vendrá a escuchar las coplas de la cantautora. Los rostros cándidos reflejan la expectativa de una reunión casual, pero agradable, con un foráneo. Cinco de la tarde. Las montañas hacen gala de su imponencia. El sol muere en el poniente y una miríada de nubes grises empieza a teñir el cielo.
Llegar a San José de Oriente, corregimiento de La Paz, es sentirse en una pequeña patria nortesantandereana. Como a otros territorios del Cesar, atravesados por la Serranía del Perijá, allí también arribaron migrantes andinos desde mediados del pasado siglo, en ocasión de las guerras partidistas. En el libro ‘Los perros de puente tabla’, el desaparecido periodista de La Paz, Luis Alberto Díaz Araújo, señala que “la gente de Ábrego, Norte de Santander llegó con la cebolla, ya que son expertos en esos cultivos, y gracias a esa dinámica San José se convirtió en el primer pueblo cebollero de la Costa”.
En la actualidad, San José tiene un estimado de 7.000 habitantes, cuenta con una placa huella que facilita el tráfico vehicular desde y hacia La Paz y proliferan, además de la cebolla, cultivos de café, aguacate, cereales, hortalizas y frutales, distribuidos en 16 veredas. En una de ellas –El Tesoro- Magie Vergel y su marido, Alirio Carvajalino, cultivan maíz, café, cilantro, fríjol, verduras, tubérculos, plátanos y hortalizas. La rutina es de martes a sábado y, a veces, hasta el domingo.











