Acostumbrado a mirarle los ojos a los más peligrosos delincuentes, a encontrarse de frente con la muerte o a un inédito acto de valentía y temple, un agente del Cuerpo Técnico de Investigación le saca provecho al arte.
El hombre de carácter fuerte y robusto, que no le tiembla el pulso para encarar y neutralizar al más temible de los bandidos, convierte su vida en un contraste de emociones y merodea sigilosamente en el mundo de las artesanías.
Se trata de Mauricio Figueroa. No es el reconocido actor de la televisión colombiana, sino aquel personaje que divaga en la sombra de un artista anónimo que conjuga su especialidad como investigador con el arte cultural y tallado con sus manos grandes y robustas.











