Algún día ─como cualquier otro─ después de escuchar una tanda de vallenatos, pasé a rock argentino. Una transición bien extraña, pero así fue. Estaba en Medellín y escuchaba canciones de Gustavo Cerati. Encendí un cigarrillo para sintonizarme con esos ritmos y letras. El humo parecía crespos que ascendían y se desaparecían en el aire. Se parecía un poco a mi cabello. Que también era crespo. Y el de Cerati.
Me topé con un video en Youtube. Un concierto donde estaba Cerati y Fito Páez. Cantaron a dúo la canción Puente de Cerati y me quedé enganchado. Luego pararon y comenzaron a sonar las guitarras eléctricas y la batería con un ritmo que no había escuchado antes. Sonaba bien para mí. Aparecía en la pantalla y en la tarima un músico. Pensé que era otro guitarrista. Hasta que comenzó a cantar.
Por qué no vienes hasta mí/Por qué no puedo amarte/Por qué no vienes hasta mí/Por qué no cambias como el sol/Me siento solo y confundido a la vez/Los analistas no podrán entender/Ya no se bien qué decir/Ya no sé más qué hacer/Todo el mundo loco y yo sin poderte ver.











