En Media Luna, las tardes lluviosas figuran paisajes de espejismo. Al escampar, el cielo mantiene un color plomizo que indica la posibilidad de nuevas precipitaciones. La noche se aproxima, engullendo los últimos rescoldos de luz. Transeúntes caminan ingrávidos entre la bruma. Otros se guarecen en viviendas, locales comerciales y salones de billar. El aroma que se respira es de canciones nostálgicas, de añoranzas pretéritas:
Yo iba a buscarte aquel día de un cielo pardo y oscuro/ En mi alma nunca morían las esperanzas que el tiempo/ Te hicieran recoger la queja de mi amor en silencio.
– ¿Dónde quedan los salones de billar? –Pregunto a una habitante- a través de la ventana del vehículo. Previamente, sabía que por los alrededores de esa zona quedaba la ‘Casa Colibrí’.











