Hernando José Marín Lacouture se pintó de cuerpo entero en un canto, le hizo canciones a su querida Guajira con aristas en distintos pueblos, a las desigualdades en su territorio las graficó de manera directa, a las mujeres las pechichó en su noble corazón y siempre soñó ver juntas a una mujer blanca con una negra.
En ese recorrido por la inspiración del hijo de El Tablazo, La Guajira, aparece un episodio que marcó su vida y que lo hizo llorar sin parar. Una vez, notó que los días se sumaban a los meses y sus muchachitas, Anacelis y Ana Tatiana Marín Corrales, iban creciendo.
Intentó esculcar los años y atajarlos poniendo sus manos como una barrera, pero amanecía más temprano como si el tiempo tuviera carrera y las horas le hicieran el juego. Entonces, dejó constancia en el canto ‘Mis muchachitas’ grabado en 1993 por los hermanos Zuleta, donde plasmó su amor por sus hijas que siempre lo recuerdan como ese padre de temperamento fuerte, pero amoroso y consentidor.











