Un sol intenso arropa a Bocachica, en la isla de Tierrabomba, a menos de 10 kilómetros de Cartagena. Es 1950 y se escucha el crujir de la tierra con cada pisada de los pescadores, que van y vienen con su mercancía en el hombro, entre ellos se destaca la figura de un niño, que está siempre sonriente: de nariz ancha, delgado, cabello rizado, labios gruesos, dicharachero y una mirada inocente.
Es Bernardo Caraballo un joven de ocho años, quien siempre acompañaba a su padre, Domingo, a pescar y en sus ratos libres, se dedicaba a nadar.
Con solo 10 años vio la obligación de mudarse a Cartagena con su familia para instalarse en el legendario barrio Chambacú, en el cual tuvo que adaptarse a diferentes situaciones antes de conocer a profundidad el boxeo, que para entonces empezaba a acariciar su vida, porque siempre acompañaba a su hermano, quien ya era pugilista, a sus entrenos. Pero fue hasta 1959 cuando el destino golpeó a su puerta.











