En cualquier noche de esos días remotos, en la esquina de la plaza, frente al teatro Santa Isabel, mientras en los pequeños kioscos de madera y zinc se escuchaba dentro de los grandes vasos de aluminio el batido de los refrescos de leche, kola y pedazos de hielo, conversaban el músico acordeonista Andrés Landero y el compositor y profesor, y ahora abogado, Adolfo Pacheco Anillo.
Esos recuerdos aún persisten en la memoria, a pesar de la continua lucha que el tiempo trata y acecha con olvidar.
Eran los momentos adorables y apasionantes de nuestra adolescencia, cuando caminábamos de mañana y tarde hacia los salones de primaria del inolvidable Instituto Rodríguez, en donde la seño ‘Nata’, el seminarista profesor Alfaro, el mismo ‘Pepe’ Rodríguez y Adolfo Pacheco, de manera rígida y con mucha disciplina nos inculcaban las primeras enseñanzas, resaltando sobre la moral, la ética y el buen comportamiento.











