La mañana del lunes 17 de octubre de 2016, cuando pude tomarme un tinto con el juglar de los Montes de María, Adolfo Pacheco Anillo, a orillas del río Magdalena, en su paso por Barrancabermeja, fue algo mágico. Él, quien tenía terciada una llamativa mochila donde aparecía su nombre y las palabras ‘El tropezón’, título de una de sus canciones, era un narrador auténtico que ponía la palabra en el lugar preciso, al lado del corazón.
Al ver correr ese caudaloso afluente nacional, comenzó a hablar de esos recuerdos que lo marcaron para siempre en ese mundo musical rodeado de acordeones, gaitas y versos, donde se desempeñó como excelso compositor.
Sin preámbulos, comenzó diciendo. “En mi vida nunca pensé recibir tantos homenajes, que ya van por 60, siendo el más reciente el Festival de Acordeones del Río Grande de la Magdalena de Barrancabermeja, donde se cultiva el vallenato auténtico”.











