“Y daré por respuesta a quien me avergüenza que en tu Palabra he confiado”. Salmos 119,42
Estamos convencidos de que cuando Dios habla, suceden cosas. La debilidad o fortaleza de nuestra fe se halla en proporción con la creencia que tenemos en que Dios hará lo que ha dicho. Si Dios lo dice y yo lo creo, entonces suceden cosas.
La fe es independiente de sentimentalismos, impresiones, improbabilidades y apariencias externas. Cuando confundimos estas cosas con la fe, dejamos de apoyarnos en la Palabra de Dios, porque la fe no tiene necesidad de ninguna de las cosas mencionadas. La fe genuina confía solamente en la Palabra de Dios. Y cuando, de manera desprevenida, nos acercamos y creemos en su Palabra, suceden cosas y nuestro corazón halla paz.






