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La noche de los Zuleta

Reflexiones de Tío Chiro y Tío Nan Por Aquilino Cotes Zuleta Mi hermano Hernán y mi sobrino Luís Andrés Cotes Araujo me invitaron recientemente a una parranda vallenata en el establecimiento “Tierra de Cantores”, en Valledupar. Luís Andrés quien cursa el último año de Medicina Interna en Barranquilla y su papá habían sido invitados por […]

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Reflexiones de Tío Chiro y Tío Nan

Por Aquilino Cotes Zuleta

Mi hermano Hernán y mi sobrino Luís Andrés Cotes Araujo me invitaron recientemente a una parranda vallenata en el establecimiento “Tierra de Cantores”, en Valledupar. Luís Andrés quien cursa el último año de Medicina Interna en Barranquilla y su papá habían sido invitados por el acordeonero Efraín Zuleta, el hijo menor del siempre recordado “Viejo Mile” (Emiliano Zuleta Baquero).
Todo indicaba que iba a ser una noche de bebidas embriagantes, comidas y canciones vallenatas interpretadas por el conjunto de “Cabeto” y el Rey Vallenato “Luchito” Daza.
Entramos orondos al exclusivo lugar y nos sentamos allá, al fondo del salón, en donde incómodamente caben 50 personas. Una hora después había por lo menos 300 personas apretadas entre sí; sin embargo, todo era jolgorio y camaradería, porque todos se conocían. Inclusive, entre el tumulto estaba el legendario cantante Poncho Zuleta, el papá  de “Cabeto” (Carlos Alberto Zuleta García).
En medio del contento, un poco antes de la medianoche, subió a una improvisada tarima el conjunto de “Cabeto” Zuleta y Luchito Daza.
Con su acordeón al pecho “Luchito” entonó la melodía de la canción “Mi Hermano y yo” de Emilianito Zuleta Díaz y enseguida llegó la voz de “Cabeto”:
“Hace tiempo que en mi mente existía
un viejo compromiso de componer un son
se trataba de hace una melodía
con unos cuantos versos, con todo el corazón,
pero el tiempo no es corto todavía
y ya llegó el momento para poder cantar
con una nota linda”
con una voz sentida
y ganas de llorar (bis)
Todo fue tan rápido y espontaneo que –al unísono- los presentes miraron hacía el lugar en donde estaba sentado “Poncho” Zuleta para reconfirmar si era él, el que cantaba.
La voz inconfundible de éste interprete genio místico del folclor vallenato no era suplantada, surgía de la garganta de la nueva generación, de su hijo Carlos Alberto Zuleta García, “Cabeto”.
“Poncho” se levantó de su silla y fue hasta el escenario: abrazó a su hijo y cantó con él, mientras dos lágrimas resbalaban por sus mejillas:
“Quizás cuantas noches yo he visto salir
la luna radiante por la madrugá´
quizás cuantas noches sin poder dormir
a veces con ganas de irme a acostar
se sufre, se goza y se vive feliz
hay ratos solemnes y otros de agonía
y muchas veces triste
y así la gente dice
que todo es alegría” (bis)
La noche apenas comenzaba, mientras los  Zuleta (padre e hijo) cantaban a dúo, como dos “afiebrados” cantantes. Son tal para cual, en el escenario había dos dinastías confundidas en una.
“Cabeto”, micrófono en mano, también con lagrimas en sus ojos, mostró su casta. Con su brazo izquierdo abrazó a su papá y le cantó a al oído,
“Quiero cantarle unos versos a mi viejo querido
y decirle que me siento orgulloso de su canto,
que su legado va a quedar en sus queridos hijos
que es la continuación de un verdadero vallenato”  bis

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