-Ay doctor, como usted quiere que le cuente de mi vida, entonces para comenzar anote que la mía ha sido sufrida. Figúrese, a los tres años mi mamá me dejó con mi abuela, después de pelear con un hermano, y nos volvimos a ver cuando yo tenía diez años. Mi abuela fue la que me bautizó y me dio su nombre: Luz Marina, aunque siempre me han llamado ‘La niña’-.
Su voz se quiebra sin que suene llorosa, sus ojos acuciosos me buscan, los veo entre el espacio que queda entre la gorra que cubre su cabello y el tapaboca que arropa su boca y su nariz. Nos habíamos ubicado, para hablar, debajo de un palo de mango que dejaba traslucir la luz del sol entre su ramaje menguando por el verano.
-Yo nací en Santa Isabel, pero aparezco en la cédula de ciudadanía como si hubiera sucedido en Falan, ambos municipios del Tolima. Mi niñez y juventud la pasé entre Falan, San Fernando, donde aprendí a tirar machete, limpiar cafetales y cañaduzales; Armero, a recoger algodón; Líbano, Frías, y otros lugares de Caldas y Cundinamarca. El andar de finca en finca trabajando no me dio tiempo de ir con continuidad a la escuela, pero eso no me limitó para aprender a leer y escribir y reclamar, con vehemencia, mis derechos y los de mi familia.











