Valledupar no solo mira hacia la Sierra Nevada: está dentro de ella en términos espirituales. Toda la ciudad hace parte del territorio demarcado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac) en 2023 como Línea Negra, y sobre su casco urbano se asientan cuatro sitios sagrados reconocidos por los pueblos arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo.
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El primero se llama Ka´simuratu y abarca el espacio entre la iglesia de la Concepción y la plaza Alfonso López. Según las autoridades indígenas, este punto no termina allí: está conectado espiritualmente con el cerro ubicado frente al Batallón de Ingenieros, en la vía que conduce al corregimiento de La Mesa. En Ka´simuratu se resguardan los “códigos de la Madre Naturaleza”, principios que ordenan la vida y el territorio.
Ka´simuratu y abarca el espacio entre la iglesia de la Concepción y la plaza Alfonso López. Foto: Said Armenta.
El segundo sitio sagrado urbano es Tashikungwiv, localizado en el convento de las Tres Avemarías. Es entendido como el Padre que gobierna las relaciones con los demás pueblos y está representado en un pequeño pájaro: el chupaflor verde-azul, considerado mensajero espiritual que lleva y trae la palabra entre comunidades.
Tashikungwiv, localizado en el convento de las Tres Avemarías. Foto: Said Armenta.
Confederación Indígena Tayrona
Un tercer punto dentro de Valledupar es La Mina – Minakalwa – Manalwe Ati Selomina Laminaja, que corresponde al cerro que se levanta detrás de la Casa Indígena. Allí, explican los sabedores, es donde se reconocen y se pagan los perjuicios causados a la Madre Tierra en cualquier lugar del mundo. Es, al mismo tiempo, un centro de protección y defensa del territorio ancestral de la Sierra Nevada, desde el corazón urbano del Cesar.
La Mina – Minakalwa – Manalwe Ati Selomina Laminaja, que corresponde al cerro que se levanta detrás de la Casa Indígena. Foto: Said Armenta.
El cuarto sitio es Kashikiwa, mejor conocido por los vallenatos como el sector de Pozo Hurtado, en el río Guatapurí. Para los cuatro pueblos, este no es solo un balneario: es el lugar donde se guardan los códigos del orden natural y los principios para los acuerdos entre indígenas y no indígenas. Es un espacio para conversar, reconciliarse y decidir sobre el cuidado del agua que baja de la Sierra hacia la ciudad.
Kashikiwa, mejor conocido por los vallenatos como el sector de Pozo Hurtado, en el río Guatapurí. Foto: Said Armenta.
En los límites de Valledupar
En la jurisdicción de Valledupar, la Línea Negra se prolonga río abajo hasta el sitio sagrado Jaba Munamuke, justo donde el río Guatapurí desemboca en el río Cesar. Ese punto es visto como el “ombligo” de la Madre, el lugar donde nace toda vida y el símbolo del ombligo de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Así, en plena cuenca del Guatapurí, se cierra un circuito espiritual que conecta el centro de Valledupar con el corazón del mundo indígena.
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En medio de la coyuntura por la nulidad del Decreto 1500 y el anuncio del presidente Gustavo Petro de firmar un nuevo decreto de Línea Negra en asamblea indígena en Santa Marta, estos sitios recuerdan que el debate no es solo jurídico ni lejano: cruza las plazas, conventos, cerros y ríos de Valledupar, donde lo sagrado y lo cotidiano conviven a pocos metros de distancia.







