VALLEDUPAR

La ilusión moral

La acción moral auténtica no proviene de la fuerza ni de la negación de la fragilidad humana, sino de la conciencia de ella.

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Javier Salina García.

Javier Salina García.

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Existe una falsa confianza, silenciosa, que se deposita en ciertas personas: la convicción de que su rectitud es producto exclusivo de su forma de pensar. Desde esa posición se construye un relato pernicioso: quien transgrede la norma lo hace porque carece de valores, porque elige mal, porque no supo educarse. 

Esta idea no es marginal. De manera constante, el sistema produce una imagen del ser humano como un sujeto plenamente racional, dueño de sí, capaz de gobernarse únicamente por la fuerza de su pensamiento. Esta imagen, heredera de un estoicismo mal digerido y reciclada por la meritocracia moderna, sostiene que basta con “pensar bien” para “actuar bien”, como si la voluntad fuera soberana y la conciencia, transparente a sí misma. 

Freud desmontó tempranamente la idea de que el ser humano se rige únicamente por lo que piensa. El yo, lejos de ser soberano, es —en sus propias palabras— “un pobre diablo” que debe mediar entre pulsiones inconscientes, exigencias morales y presiones de la realidad. El sujeto no actúa solo desde la razón, sino también desde deseos, miedos, compulsiones y conflictos que, si no se hacen conscientes, gobiernan desde la sombra. 

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