Estoy convencido que la mayor venganza de la derecha colombiana contra la izquierda fue haberles permitido que pusieran un presidente como Gustavo Petro en el poder, puesto que después de este gobierno pasarán varias décadas para que la izquierda vuelva a ser gobierno, a menos que los movimientos “progresistas” sigan aumentando su lobby a nivel mundial y logren imponer a uno de sus miembros (un gay, una lesbiana, un trans o cualquiera de estas mutaciones de género) pero la izquierda esa que vociferaba “cambios” cuando la derecha gobernaba, lo dudo mucho.
Y es que lo que empieza mal ya sabemos que termina peor; recuerdo que a los pocos días de haber ganado las elecciones Gustavo Petro, el profesor Carlos Quintero Romero y unos allegados convocaron a los gremios, academia, fuerzas políticas de todas las vertientes y organizaciones sociales a un gran encuentro en un reconocido hotel de la ciudad de Valledupar a donde asistí en ese entonces como presidente de Fenalco en nombre de nuestros federados, luego del discurso de instalación y a lo sumo tres intervenciones se armó la plaza de mercado; un grupo de personas se tomó violentamente el escenario y en medio de empujones, gritos e improperios sabotearon el evento por lo que el resultado de una buena intención terminó en una algarabía sin consenso, sin acuerdos y sin ningún resultado; la conclusión, empezaba el estilo de gobierno que quería llevar la izquierda recalcitrante que reclamaba como suyo el triunfo de Petro.
Dos años después de gobierno y en un consejo de ministros televisado, el gobierno (o lo que queda de él) nuevamente mostró el estilo que los ha caracterizado siempre, dando el más burdo de los espectáculos, solo comparado a los refritos que recicla el canal RCN con sus ‘reality show’, y efectivamente mostraron las enormes grietas que ha tenido el gobierno incluso desde la campaña misma donde se canibalizan a tal punto de actuar como las ratas, lo que no pueden comerse lo daño para que otro no se lo coma; en fin, el caos total.
Lo que hasta hoy ha demostrado Gustavo Petro es que carece de liderazgo. Su egocentrismo lo ha llevado a creerse que será el salvador del planeta con su trasnochado y rebuscado discurso del calentamiento global, que cada día se le vuelve menos sostenible, puesto que sus acciones y decisiones como gobierno muestran una enorme incoherencia, ya que con ese discurso no solo está arruinando industrias enteras sino que no hay soluciones serias ni congruentes para minimizar el desastre que está causando. Obviamente, hay algo claro aquí, alguien está ganando muchísimo dinero en medio de ese desastre, irónicamente el modelo que dice rechazar Petro (capitalismo salvaje) lo está aplicando pero a la inversa.
Vuelvo a insistir en una teoría que planteé en anteriores columnas en el sentido de la incapacidad de los pobres de autocontrolarse cuando acceden al poder, y esto lo digo con absoluta responsabilidad y respeto, pero el actuar de algunas organizaciones sociales, no gubernamentales, entre otras, tienen un modus operandi y unas motivaciones muy similares, y es la de destruir o dilapidar todo lo que les huela a “capitalismo”, de ahí que la mayoría de los sindicatos odien a sus patronos, desangren a las empresas y las formas de hacer política sean tan ruines y tan indeseables que terminan perdiendo cada vez más adeptos; y ojo que no son solo ellos, la derecha también tiene sus pecados.
Que los autodenominados “izquierdistas puros” que lagartean al lado de Petro diciéndole lo que él quiere escuchar y haciéndolo sentir un Mandela reencarnado o el mismísimo Simón Bolívar hoy quieran deshacerse a las malas y en público de quienes les hicieron ganar las elecciones, solo da cuenta de su infinita ignorancia política y diplomática porque, a diferencia de lo que pensaban de Benedetti en campaña, hoy les parece impresentable e indeseable, pero un indeseable con muchos votos que perfectamente se va a aliar con el próximo ganador.
El gobierno está al garete, ministros en campaña política para el 2026, un presidente delirando en Twitter y desconectado de todo lo que pasa incluso en su anillo más cercano de confianza, que no tiene control siquiera de su matrimonio ni de su propia vida, simplemente entregará un país fragmentado, más polarizado y, lo que es peor, más pobre que en 2022.
Por: Eloy Gutiérrez Anaya






