COLUMNISTA

La desgracia de Palestina es no tener petróleo

Recientemente ha habido dos grandes pruebas para medir si ya estamos listos para la siguiente etapa: la deshumanización absoluta.

Eloy Gutiérrez Anaya, columnista de EL PILÓN.

Eloy Gutiérrez Anaya, columnista de EL PILÓN.

Por: Eloy

@el_pilon

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Recientemente ha habido dos grandes pruebas para medir si ya estamos listos para la siguiente etapa: la deshumanización absoluta. Una fue, por supuesto, la pandemia del COVID-19, donde no voy a dar detalles porque los lectores tienen muy frescas las escenas cuando contábamos por cientos los muertos, llegando al punto de eliminar cualquier acto de honra con nuestros difuntos. Nos los arrancaron sin llorarlos, sin oraciones, sin despedirnos siquiera: solo bolsas selladas, prohibidas de manipular, llevadas directo a las tumbas, a fosas comunes y otros que enterraron como NN o simplemente trocaron sus nombres. Es decir, algunas familias lloraban y enterraban a alguien que no era su difunto. Los demás detalles son horribles de contar.

Y la actual, la que es considerada la “cereza del pastel”, nos muestra impunes ante el primer genocidio transmitido en vivo y en directo por televisión y por redes. Y eso que solo vemos la punta del iceberg, porque el enorme poder mediático y lobista que tiene el gobierno israelí no solo censura la verdad, sino que asesina a los periodistas (a fecha del 1.º de septiembre se registraban 210 asesinados) que cubren en directo la matanza despiadada que comete su ejército en contra de civiles: niños, mujeres, ancianos y, por supuesto, no combatientes. Porque algo sí es una verdad inocultable: no hemos visto al primer combatiente de Hamás dado de baja, o por lo menos yo no lo he visto, pero sí a miles de cadáveres de niños apilados, quemados y desmembrados por los misiles israelíes.

Como no hay espacio para entrar en detalle sobre la historia, solo hay que recordarle a los muchos fanáticos religiosos que apoyan ciegamente a Israel, porque dizque son el “pueblo de Dios”, que, según diversas fuentes —incluso exfuncionarios israelíes—, el grupo Hamás llegó al poder financiado por el partido ultraderechista y fanático Likud, del actual primer ministro Netanyahu. Esto, con el fin de debilitar a la entonces OLP (Organización para la Liberación de Palestina), liderada por Yasser Arafat, que para entonces estaba muy cerca de lograr los dos Estados. Entonces, ¿cómo se explica que se apoye a un grupo terrorista para que llegue al poder? Creo que la estrategia es clara y no requiere mayor análisis, pues la estamos viendo ante nuestros ojos. Pero ¿qué le hizo el pueblo palestino al mundo para que se permita semejante barbarie? La respuesta es más compleja aún, porque los matices son muchos y la verdad es políticamente incómoda.

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