COLUMNISTA

Tristes episodios arboricidas

Este episodio arboricida conmueve a los ambientalistas y personas del común que tienen conciencia de que la vida gira en torno a los árboles.

Columnistas José Atuesta Mindiola.

Columnistas José Atuesta Mindiola.

Por: José

@el_pilon

canal de WhatsApp

EL PILÓN, en su editorial (25/02/2025), reclama por la ausencia de una política pública que resguarde nuestro patrimonio ambiental para evitar casos funestos como lo sucedido hace algunas semanas en el barrio Las Delicias de Valledupar, en donde trece árboles fueron talados para la construcción de lo que sería un ‘megatemplo’ de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional.

Este episodio arboricida conmueve a los ambientalistas y personas del común que tienen conciencia de que la vida gira en torno a los árboles. Como gira en torno del agua: en efecto, los árboles son armadura contra la contaminación de los ruidos y los gases, y a través del proceso de fotosíntesis fabrican el oxígeno y los alimentos; son guardianes del cauce de los ríos, albergues protectores de los pájaros y monumentos en la policromía del paisaje.

La temática ecológica es constante en mis narraciones. Comparto aquí un texto de los orígenes de tres poemas: un lunes festivo salí a caminar por un conocido callejón de Valledupar, y cuando pensé detenerme bajo el frondoso follaje de un árbol, sólo había un pedazo de tronco. El mismo sembrador ordenó talarlo. Ese día empecé a escribir: «No te creas dios del árbol: ‘El árbol no sólo a ti pertenece, pertenece al pájaro y a la íntima aventura de su vuelo, al viento que eleva a las nubes el polen de la lluvia y al sol que deletrea los colores de las hojas’…”.

En el patio de nuestra casa, en el barrio Loperena, un árbol de mango era el oasis, el epicentro de reuniones. Cuando nos mudamos, escribí ‘Elegía por el árbol de mango’: “El árbol del patio sangra blanco sus heridas, como mostrando la ruta que el dolor todavía no ha recorrido. Me alejo del patio y me llevo de las hojas los amaneceres con aromas de guitarras. Me llevo el verde pendular de la mecedora donde descansaba un hombre parecido a mí. El árbol ya sospecha que pronto no habrá luz en su follaje. Su epitafio vendrá en la mirada esquiva de otro dueño…”.

En otra ocasión, iban a construir un edificio en Valledupar, y uno de los constructores expresó: “Los árboles son un estorbo para el progreso de la ciudad”. Esa absurda expresión, flechazo de barbarismo atroz, me impulsó a escribir, el poema ‘Monólogo de un árbol citadino’: “Caligrama de fiesta son mis flores. Soy silabario para los pinceles de la luz; para el mendigo, el sombrero de su alcoba; para el pájaro, el atril de su escritura; para el perro, la pared de su llovizna; para los alarifes del cemento soy un estorbo, un extraño en lugar equivocado; sus amenazas de muerte me persiguen. Pero soy más que un verde monumento en la agitada ceremonia de las calles…”.

El poema ‘Monólogo de un árbol citadino’ (Soy más que un verde monumento), fue incluido en el ‘Libro I Certamen Literario Internacional ‘Gloria Fuertes y el Mundo de Los Árboles’ (2021), surgido a raíz del arboricidio en La Cala del Moral de Málaga –España (2020).

Por José Atuesta Mindiola

Temas tratados
  • arboles Nativos
  • valledupar

TE PUEDE INTERESAR