COLUMNISTA

¡Conejo!

Conejo le han puesto las Farc al Gobierno, del que se burlan con su actitud desafiante de aparecerse en el corregimiento del mismo nombre, allá, en la tierra grata y honesta del Cantor de Fonseca, rodeados de sus rambos -y rambas- armados hasta los dientes, con una dotación de ataque que envidiarían muchos de nuestros […]

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Conejo le han puesto las Farc al Gobierno, del que se burlan con su actitud desafiante de aparecerse en el corregimiento del mismo nombre, allá, en la tierra grata y honesta del Cantor de Fonseca, rodeados de sus rambos -y rambas- armados hasta los dientes, con una dotación de ataque que envidiarían muchos de nuestros batallones.

Conejo le está poniendo el Gobierno al país, del que también se burla, no solo al declararse sorprendido, sino al echarle tierra a tan grave asunto; qué digo, a tan graves delitos con apenas una reprimenda semi-indignada y con el castigo escuelero de quitarles el permiso, como cuando hacíamos pilatunas y la cosa no pasaba de un regaño y la pérdida del recreo.

Lo que sucedió en el corregimiento de Conejo no es de poca monta y las explicaciones del Gobierno son insuficientes y poco creíbles. La cúpula de las Farc llegó en helicóptero muy temprano, ¿acaso uno de nuestra Fuerza Pública o facilitado por el Gobierno? Los guardaespaldas y el comité de propaganda no eran cuatro, ni diez, ni veinte. Eran entre ¡200 y 300! según las informaciones de prensa, y todos, absolutamente todos portaban arrogantes sus armas de asalto, sus granadas y sus cananas repletas de munición, con naturalidad y desparpajo, como si fueran la autoridad del lugar. Ellos no cayeron del cielo como sus jefes; llegaron en camionetas de alta gama y, -¿tan raro?-, con placa venezolana.

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