Cada vez que oigo discursos en manos de leguleyos que comienzan siempre resaltando del pasado los odios entre los partidos y movimientos políticos en donde las oligarquías centralistas de aquellos tiempos ponían a los campesinos a eliminarse entre ellos mismos y el coraje apasionado de los machetes relucían su brillantez con la sangre de la hermandad bajo el peso de los psicópatas del poder político y económico centralista, nada se logrará en estos tiempos cuando ya las ideas políticas de las semillas de la obsesión empezaron a pudrirse por la falta de ética y principios de quienes las promueven convencidos que con el odio como herramienta plausible para dividir la inspiración social y resaltar los principios de riqueza y pobreza como contrarios y repelentes, todo se ha de lograr. Están convencidos que la pobreza se elimina destruyendo la riqueza.
Aún muchos, no han entendido que ya no se pelea por misticismos absurdos sino por el pan de cada día y la capacidad laboral para lograr dignamente cubrir con las necesidades básicas.
Los dueños de la riqueza educada, ya lo entienden claramente, que la distribución del capital bien manejado no está en la acumulación de sus intereses personales o familiares o de grupos, es a través de la generación del trabajo para lograr el bienestar social que produce más capital y que poco a poco va generando la apertura hacia el camino de la paz.
Desde luego que, en el corazón discriminatorio de un hombre, la paz total nunca existirá ni siquiera condicionada a la justicia social.
La mente que no es amiga de la tolerancia, ni del respeto por las ideas sanas de la sociedad que promueve el bien común, no tiene derecho a sembrar las discordias entre la población apoyándose en el poder de las supuestas democracias, proclamadas para hacerse elegir por medios de las cooperativas de los ilusionistas del fraude con entusiasmo, que nunca han promovido ese bienestar social esbozado a sus anchas, y que a punta de mentiras y pistolas han tratado de implantar en las mentes ingenuas que embargan a las clases populares más sufridas, donde su ignorancia emocional es aprovechada para regar las semillas del odio e imponer condiciones a través de la represión y el engaño.
Quien quiera la paz, sin antes hacer una selección natural en la matriz, que la siembre, pero regando semillas de perdón sin dejar atrás el olvido, sino utilizándolo como instrumento de reconciliación y ajuste moral para que las generaciones futuras nazcan libres del pecado de la rebeldía sin causa, y amantes de la paz con justicia para el progreso mental y social, donde la emoción que genera el sentimiento de odio sea erradicada del corazón humano, y la fe y la esperanza cundan como lluvias de maná por todas partes, y todos sentados en el banco de la reconciliación podamos bendecir el pan sobre la mesa.
Ya está bueno, amigos de las supuestas derechas e izquierdas obsesivas. Estamos en el momento preciso para darle un vuelco total a la humanidad que no puede ser a través de las guerras políticas, económicas, sociales, religiosas… sino a través de los principios básicos y dogmas del génesis con la aparición de la vida visible sobre la tierra, que se transluce en una sola palabra, la más entendible de la madre naturaleza: hermandad. La cooperación permitió que lo irracional lograra algo de razón y la razón nos hizo entender lo que debe ser la convivencia social, el bien común, el amor por las cosas logradas y el amor por la paz.
Tanto es así que los seres humanos ya formados como tales, a través del tiempo con el afecto y la cooperación mutua, que se han atrevido hasta darle la mano a un león, porque no dársela a una serpiente. A los enfermos de obsesiones hay que ayudarles a curar de su enfermedad sin necesidad de inyectarles el virus de las desviaciones mentales, sino el antídoto contra el odio, que se encontraría en cualquier centro asistencial del futuro, sin costo alguno.
Por: Fausto Cotes N.






