Por: Antonio Hernández Gamarra1
Con la desaparición de Roberto Arenas Bonilla, acaecida el lunes pasado en Bogotá, nuestro país perdió a una inteligencia lúcida, dedicada por décadas a estudiar y a tratar de transformar la realidad colombiana en procura del bienestar de nuestros compatriotas.
Convencido de la necesidad de investigar nuestros problemas económicos, sociales y políticos como medio para “encausar el país por una ruta más cierta y justa¨, Arenas Bonilla fue — a mediados de los años sesenta del siglo XX– el mentor y primer director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional, en donde practicó su convencimiento y llevó a cabo un programa de postgrados que moldeó la formación académica y profesional de una generación de economistas que más tarde tuvo influencia decisiva en la enseñanza de la economía en el país, y que se ha desempeñado con brillo en muy variados campos de la vida nacional.





