Tristemente la ciudad de Valledupar se ha destacado por presentar deficiencias en el servicio del transporte público colectivo. Esa ha sido una constante. Sin embargo, a juicio de los entendidos no solo hay culpabilidad por parte de los prestadores sobre quienes recaen todas las críticas. La realidad es que al vallenato no le gusta (exceptuando algunos estudiantes y empleados) el transporte público colectivo legal, a este servicio ponen por encima en sus preferencias las mototaxis y particulares que al ‘colectivear’ se convierten en ilegales.
Pero además de los anteriores al servicio público colectivo le salió un enemigo más feroz que el mototaxismo y el ‘pirateo’: la covid-19. La pandemia obligó a una de las dos empresas que hoy se encargan de la operación en Valledupar a trabajar en una capacidad que no supera el 5 % y a la otra a cerrar definitivamente y dejar los buses parqueados desde el mes de abril, hasta donde pudieron sostenerse por las ya difíciles condiciones económicas del mercado de la movilidad en esta capital.











