Una invitación a leer nos brinda el Guatapurí, con ímpetu y frenesí, cantando al amanecer. Cantos te ha de proveer, de amor y aroma exquisito, el trinar de un pajarito, que en la aurora nos regala, ese mensaje que avala de Dios su sentir bonito.
Un turpial alegre trina, el sol nos brinda su canto de brillo vida y encanto, con fuerza y luz ilumina. Dios entre sombras camina, así nos brinda su amor ese exquisito primor que en la aurora nos regala, y en mi corazón se instala, con su aroma y su color.
Con estas décimas de mi autoría, quisimos darle vida al segundo encuentro con la lectura: “Leer da Sueños, un mundo de letras para un futuro mejor” de la Escuela Básica de Perfeccionamiento Académico de la Universidad Popular del Cesar.
Un auditorio lleno, un mundo impetuoso de jóvenes con la adrenalina desbocada, canto, sueños, poesía.
Una descollante Geovanna Ashly Montoya Araque con su ‘Necrópolis’ y esa forma mágica de declamar un poema lleno de fantasía y verdad.
La narrativa, desde la fuerza de una trilogía de actores, maestros del teatro; la poesía, los sueños y el corazón de Fabio Torres contando su experiencia. Un ejemplo de resiliencia, fe, disciplina y constancia.
Y entonces me declaro soñador, y busco la manera de llevar un mensaje de poesía para un mundo mejor, ejemplos: un fragmento de ‘Cuando vayan mal las cosas’, de Rudyard Kipling. “Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino solo cuestas que subir, cuando tengas poco haber, pero mucho que pagar, y precises sonreír aun teniendo que llorar, cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir, descansar acaso debes ¡pero nunca desistir!”
“Tras las sombras de la duda ya plateadas, ya sombrías, puede bien surgir el triunfo no el fracaso que temías, y no es dable a tu ignorancia figúrate cuán cercano pueda estar el bien que anhelas y que juzgas tan lejano”.
“Lucha, pues por más que tengas en la brega que sufrir, cuando todo esté peor, más debemos insistir”
Educar, de Gabriel Celaya, otro fragmento sustancial: “Educar es lo mismo que poner un motor a una barca… hay que medir, pensar, equilibrar… y poner todo en marcha. Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma un poco de marino… un poco de pirata… un poco de poeta… y un kilo y medio de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que ese barco, ese niño, irá muy lejos por el agua”.
Cierro de manera especial con: “Huellas de vallenato, de Wilfrido Rodríguez Orozco; otrora caminabas sobre piedras blancas y ofrendabas tus oídos a la profundidad de los gritos danzantes sobre el cauce del río.
Escuchabas rumores de vallenato. Insertabas tus radiantes planetas en las calles vetustas que se alejan de la plaza como un estrecho hilo de poemas”.
“Buscabas las huellas del vallenato. Hoy te detiene en un callejón de adoquines bajo el techo cañahuate vertiendo en suspiros contenidos undívagos aromas de fritanga que reescriben historias cantadas. Respira profundo, son las notas del vallenato”.
Y así, soñando, hay poesía para un mundo mejor.
Sólo Eso.
Por: Eduardo Santos Ortega Vergara.





