6 junio, 2020

Panorama jurídico | Persiste la discriminación racial

No cabe duda que el racismo persiste de manera abierta y soterrada en el mundo, igual que en Colombia, aumenta en complicidad con el silencio, la hipocresía y la doble moral. Se finge lo que no es, ya sea a través de un cargo, la religión, ideas, sentimientos. Se muestra una cara pública y otra […]

No cabe duda que el racismo persiste de manera abierta y soterrada en el mundo, igual que en Colombia, aumenta en complicidad con el silencio, la hipocresía y la doble moral. Se finge lo que no es, ya sea a través de un cargo, la religión, ideas, sentimientos. Se muestra una cara pública y otra privada. Se usan diferentes máscaras según la situación  para sacar provecho haciendo del oportunismo su estandarte. La muerte de George Floyd en Estados Unidos a manos de la Policía  revive la discriminación racial.

Recordamos al expresidente  sudafricano Nelson  Mandela con su famosa frase: “Detesto el racismo, porque lo veo como algo barbárico, ya venga de un hombre negro o de un hombre blanco”.

Es la discriminación racial bastante notoria en el país, que requiere del compromiso de todos para erradicarla. Colombia cuenta con población negra, indígena, mestiza y blanca. Quién no oyó, no hace mucho tiempo la frase: “Negro ni el teléfono”, por cierto bastante hiriente y denigrante, que denotaba que la situación estaba supremamente enquistada y que se acompañaba con dichos como que el negro solo sirve  para esto y el blanco para aquello.

La sociedad colombiana frente a este problema se divide; unos dicen, el racismo no existe, pero al afrontarlo, lo evaden; otros, no comparten con afrodescendientes, si tienen que hacerlo dicen: “Lo haré de lejitos y muy poquito”.

Mientras permanezcan conceptos bastante enraizados, que el negro sirve aquí y el blanco allá o que las razas puras en Colombia son la negra y la indígena y que los mestizos o amarillos son mezclados, nunca, nunca saldremos de esta problemática. El racismo seguirá enquistado. Tenemos que enfrentar el racismo sin odios y preceptos rancios; sí, con la esperanza y el amor a la convivencia con todas las razas.

Corresponde a la familia educar al nuevo colombiano con normas de convivencia y mucho más al Estado colombiano. Este tema no se debe tratar ni somera, ni sutilmente; cualquiera que perciba actos discriminatorios, debe rechazarlos de plano, no ser complaciente con chistes o burlas, pues serán una ofensa a la dignidad humana. Es indispensable para el desarrollo individual y colectivo desarraigar la discriminación racial, ya que  así nacerá una plena e igualitaria participación en todas las esferas de la vida.

Nuestra Carta Magna en sus principios fundamentales, señala que el Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural en el país; también, las minorías raciales y culturales. Recordemos que el Partido Mira tramitó en el Congreso la Ley 1482, o antidiscriminación que castiga con penas de prisión a quienes cometan actos discriminatorios; ley que se debe aplicar para sancionar a tanto racista que vive en Colombia. El racismo es un sentimiento aprendido, influenciado; nadie nace siendo racista.

Cito en momento propicio la buena amistad que mantengo con mi compañero de estudios y de tesis de grado para optar al título de abogado, en la Universidad Santiago de Cali, un afrodescendiente que luego se convertiría en un destacado narrador deportivo de la Cadena Radial Súper.

El racismo debe desaparecer de nuestra sociedad; está en nosotros darle la puntada final. Espero que este escrito les haya interesado. A ponerlo  en práctica.