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Otro golpe al bolsillo

Desde cuando Sanitas y Colsanitas empezaron a funcionar en esta ciudad, hace más de 20 años, me afilié con la familia a estas entidades con unos servicios óptimos, hasta que hace unos meses fueron intervenidas por la superintendencia respectiva y comenzaron a fallar, especialmente en la entrega de medicamentos y utensilios médicos.

Otro golpe al bolsillo

Otro golpe al bolsillo

Por: José M.

@el_pilon

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Desde cuando Sanitas y Colsanitas empezaron a funcionar en esta ciudad, hace más de 20 años, me afilié con la familia a estas entidades con unos servicios óptimos, hasta que hace unos meses fueron intervenidas por la superintendencia respectiva y comenzaron a fallar, especialmente en la entrega de medicamentos y utensilios médicos. Ahora nunca hay medicinas, mucho menos pañales desechables, y todo lo reemplazaron por un “pendiente” que nunca llega, obligando a los usuarios a comprarlos, cuando la verdad es que religiosamente las entidades pagadoras nos descuentan el dinero correspondiente para la salud. Entonces, ¿por qué no hay recursos para medicamentos y elementos médicos? ¿Dónde está la falla? Me gustaría que mi tocayo y columnista José Manuel Romero Churio, tan acucioso y conocedor del tema, lo abordara en una de sus buenas columnas.

Por esta razón, El Espectador en primera página tituló: “Otro golpe al bolsillo”, para referirse al nuevo impuesto creado por el gobierno, sin querer queriendo, que afecta a los usuarios de las EPS intervenidas, que desmejoraron ostensiblemente sus servicios y nos obligan a asumir el costo de los medicamentos y utensilios de salud. Dichosos los que tenemos cómo comprarlos, pero el drama es grande para quienes no tienen. Entonces surge la pregunta del millón: ¿cómo hacen los que sufren de incontinencia, o los hipertensos y diabéticos para no andar “ensopaos”, evitar un infarto, o las desmesuradas alzas de azúcar o la elevada creatinina? Ni hablar de los tantos enfermos de cáncer, con dolores insoportables, cuando no cuentan con los recursos económicos para adquirir sus tratamientos.

Un hipertenso, diabético y con otros males menores, se gasta por lo menos $300.000 mensuales en medicamentos. Y si hablamos de enfermedades terminales, el panorama es desgarrador. Para una persona que devenga el salario mínimo, ese gasto lo pone a tambalear, y lo más probable es que no pueda comprarlos, exponiendo lo que le queda de vida. Por eso mi hermana Doris, muy acertada en sus conceptos, me dice que en Villanueva fallecen entre tres y cinco viejos todos los días, y cree que es porque no tienen cómo comprar sus medicamentos. Con estos terribles calores, pasan a mejor vida. Me parece que en Valledupar sucede lo mismo.

Agrega El Espectador: “A las turbulencias que vive el sistema de salud colombiano se suma un silencioso problema: los usuarios estamos gastando más dinero de nuestro bolsillo para la salud. Un grupo de investigadores analizó el tema y los hallazgos son sorprendentes”. Y agrego yo: no se necesita investigar mucho para ver una verdad tan verdadera, cuando todos los meses tenemos que meternos las manos al dril para comprar los costosos pañales (más baratos en La Olímpica que en la droguería), el Janumet para la diabetes, el Diovan para la presión, el Esomeprazol para la gastritis, y otro terraplén de medicamentos menores para el pocón de enfermedades que cargamos los octogenarios.

Ojalá, ahora que resolvieron suspender la intervención —no voluntaria, sino por orden del Consejo de Estado—, Sanitas y Colsanitas, y las otras EPS intervenidas, vuelvan a ser lo que antes fueron: entidades serias y eficientes, que prestaban óptimos servicios y a las cuales estábamos orgullosos de pertenecer.

Rogamos a Dios e imploramos por el pronto restablecimiento de nuestro buen amigo, el exalcalde Johnny Pérez Oñate, a quien le practicaron en la Clínica Portobello de Barranquilla una delicada operación, de la cual —gracias al Señor y a los eficientes médicos que lo atienden— está saliendo adelante satisfactoriamente. Esperamos verlo nuevamente atendiéndonos en su famosa Tertulia de Johnny, en compañía de sus amigos, familiares, sus pequeños hijos y la dulce y agradable Lola, su eficiente y querida esposa.

Por: José Manuel Aponte Martínez.

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