OPINIÓN

Valledupar, funcionarios inalcanzables y ciudadanos olvidados

En medio de este panorama muy desalentador, hay funcionarios que ejercen con mística, responsabilidad y compromiso, que comprenden que el servicio público es un acto de altruismo y no un trampolín político.

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Sede de la Alcaldía de Valledupar.

Sede de la Alcaldía de Valledupar.

Por:

@el_pilon

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En las entrañas del gabinete municipal de Valledupar se gesta una realidad lamentable y muy recurrente: funcionarios que, embriagados y fascinados por el súbito ascenso al poder, olvidan que su investidura es un mandato de servicio y no un pedestal de egolatría y petulancia. Lo que debería ser una administración enfocada única y exclusivamente en el bienestar ciudadano se convierte en una pasarela de vanidades, donde la gestión pública queda relegada a un segundo plano mientras florecen ambiciones personales y juegos políticos usureros.

Es un fenómeno predecible y, sin embargo, inaceptable. Personajes que antaño eran accesibles, que saludaban con calidez y se mostraban cercanos al ciudadano, hoy erigen barreras infranqueables tras sus escritorios. Sus despachos, que deberían ser espacios de puertas abiertas para atender de primera mano las problemáticas de la ciudad, se convierten en castillos fortificados donde solo acceden aquellos que pueden contribuir a sus agendas personales. La arrogancia y la desidia reemplazan la vocación de servicio, y con ello, la administración pública pierde sus horizontes.

Valledupar enfrenta retos considerables en materia de movilidad, seguridad, infraestructura, educación y salud. Cada secretaría de despacho, cada entidad descentralizada, cada oficina municipal tiene un rol fundamental en la solución de estos problemas. Empero, ¿cómo avanzar cuando quienes tienen la responsabilidad de ejecutar políticas públicas se preocupan más por su imagen que por su función? ¿Cómo exigir eficiencia cuando la política se convierte en un juego de intereses personales y no en un instrumento de transformación social?

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