En la situación contemporánea de la municipalidad de Valledupar, se ha observado una tendencia repetitiva y poco saludable en la administración pública que privilegia o centra su atención en la materialización de obras físicas como principal indicador de la gestión. Este fenómeno, que podríamos denominar “el síndrome del concreto o del cemento“, se caracteriza por una orientación y priorización exclusiva en la ejecución de infraestructuras visibles, con el propósito de mostrar resultados tangibles y perdurables en el panorama urbanístico de la ciudad.
Con esto, innegable que las obras públicas desempeñan un papel muy fundamental en el desarrollo de las ciudades. Sin desmeritar la contribución al mejoramiento del urbanismo, elevando la calidad de vida de los ciudadanos al proporcionar espacios prácticos, funcionales y estéticamente agradables. Empero, centrar la gestión pública única y exclusivamente en la construcción de infraestructuras puede conducir a una visión muy reduccionista de las verdaderas necesidades de la comunidad.
Este enfoque limitado puede estar motivado por el deseo de las autoridades de dejar una huella visible de su administración, perpetuando sus nombres en placas conmemorativas y buscando el reconocimiento inmediato; la más pura vanidad administrativa y el legado político. No obstante, ¿es esta la manera más efectiva de abordar las problemáticas que aquejan a nuestra ciudad? ¿Acaso la verdadera esencia de la administración pública no reside en la implementación de políticas integrales que atiendan las necesidades sociales, económicas y culturales de la población?











