¡Libertad, libertad, libertad! Un grito unísono salido de millones de gargantas venezolanas, que hoy traspasa las fronteras de un país que anhela y reclama uno de los derechos más fundamentales y sagrados del hombre, recordado hace unos pocos días, con el arte que caracteriza a los parisinos, en la inauguración de los Juegos Olímpicos. Un grito que ha contagiado y que empieza a escucharse en diferentes países del mundo solidarizándose con su hermano.
Hoy, me visto con los mismos colores de una bandera, unido en la hermandad que un día soñó un Libertador, colores que significan la riqueza y la fertilidad de nuestras tierras, la inmensidad de un Mar Caribe compartido y la sangre de valientes que con tristeza aún se derraman en nuestros pueblos.
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