Disfrutar de los hermosos paisajes en nuestro país cuando viajamos por carretera, así como querer asistir a tiempo a una cita en una ciudad distante, se ha convertido en una quimera y en cosas del pasado. Todo debido a que en cualquier momento, por cualquier motivo y en cualquier lugar podemos quedar atrapados en monumentales trancones que frustran nuestro viaje y, por supuesto, nuestros sueños.
Los constantes bloqueos en las carreteras del país han pasado de ser hechos ocasionales a convertirse en una problemática recurrente con serias consecuencias para la movilidad y la dinámica económica de la región. No se trata de desconocer el derecho a la protesta social y pacífica reconocida en la Constitución Política de 1991, sino a que nos concienticemos del grave impacto que estas malas prácticas repercuten sobre miles de ciudadanos que nada tienen que ver con las causas del conflicto y que, por supuesto, terminan llevando la peor parte.











