El título de esta columna corresponde a una de las canciones más significativas del más grande cantautor que ha dado la ranchera, José Alfredo Jiménez. Precisamente, el título tiene razón de ser, porque en medio de la coyuntura política que vive el país, los entes territoriales (departamentos y municipios) deberían escoger a un presidente de la República, pensando en la capacidad de gestión del próximo Gobierno nacional, en las obras que pueda hacer, en la seguridad que pueda generar y en las necesidades básicas insatisfechas que pueda superar.
Un presidente que se considere amigo de las regiones y no que actúe como un enemigo de las mismas, que tenga capacidad de quererlas y de trabajar de la mano con las regiones y no dé la espalda a ellas. Trabajar con los departamentos y municipios no debe verse como sinónimo de politiquería y corrupción.
Es decir, para las elecciones presidenciales de Colombia de este 2026, que se realizarán el 31 de mayo con la finalidad de elegir presidente y vicepresidente para el periodo 2026-2030, la gente de ciudades como Valledupar y de departamentos como el Cesar, así como de nuestros municipios, debe votar por quien le vaya a servir a nuestra región con pragmatismo y no por quien pretenda con discursos inacabados e improductivos, meternos los dedos en la boca y crearnos expectativas incumplibles que aporten poco o nada al Cesar.










